Una. Dos. Tres. Miles de gotas resbalaban por la ventana de su habitación. Sofía llevaba horas observando la lluvia, sin duda más interesante que estudiar Física y Química.
Plim. Plam. Plim. Plam. Las gotas caían sobre el alféizar haciendo un ruido hueco, como una botella de plástico abollada que de repente vuelve a su estado normal. El cristal había estrenado un estampado de lunares sobre el que ocasionalmente cruzaban meteoritos líquidos. Las gotas bajaban raudas por la superficie; toda una diversión multiaventura, deslizándose por un tobogán cada vez menos transparente. Sofía, ensimismada en el baile natural, perdió la noción del tiempo.
Se encariñó de una gota singular, situada en la parte superior de la ventana, que no parecía estar por la labor de tirarse al abismo del alféizar. La observaba atenta, sin perder de vista la férrea impasibilidad de la pequeña gota que permanecía inmóvil en el cristal, sin inmutarse siquiera por las demás compañeras que pasaban a su lado.
Sofía había decidido concentrarse en algo más productivo como leer, cuando una gota obesa intentó llevarse por delante a su amiga. Se deslizaron hasta la mitad del trayecto, peo la gota viajera se paró en seco y la gota obesa cayó en picado al alféizar. "Gotita lista, sí señor" se dijo Sofía. Nada más formular este pensamiento,Sofía vio cómo la gota viajera finalmente se lanzaba al suicidio por el tobogán de cristal. "¡No! ¡Idiota!" la recriminó mentalmente. La gota se estrelló contra la sepultura negra de la ventana creando un lago de agua, hojas e insectos. Sofía se tranquilizó pensando que al menos había decidido ella misma su final. Entonces se dió cuenta de que había sido la última gota en caer, y que había dejado de llover hacía rato.
El arcoiris estaba empezando a aparecer de entre las nubes que se deslizaban a cámara lenta jugando al escondite inglés. Cada vez que volvía la cabeza, el algodón gris se deplazaba un palmo. Empezó a buscar formas: un corazón, un avión y un dragón bastante abstracto. Se preguntó cuál sería el misterio de la naturaleza, aquel secreto escondido en el centro del silencio.
-Sofía, ¿estás estudiando? -La chica pegó un respingó al oír la voz de su madre que la arrancó de sus dispersos pensamientos.
-Sí, mamá. -Va siendo hora de estudiar, pensó, ya que el tiempo le estaba ganando en la carrera. Pasó una hoja de su libro de Química: "el Peróxido de Hidrógeno, utilidades. Un ejemplo muy común de este tipo de sustancia es el agua oxigenada". Recordaba que una vez de pequeña se hizo una herida.Estaba jugando en el parque cuando tropezó...
15 feb 2014
Escondido en el centro del silencio
El ladrón de cielos
Ese día se levantó más temprano que de costumbre. Se incorporó y se sentó en la cama. La luz de la mañana entraba en la habitación y hacía que le dolieran ligeramente los ojos, pero no le importaba. Iba a volar por primera vez.
En el coche iba admirando el paisaje como no lo había hecho nunca. Veía a los árboles correr una maratón y el sol le perseguía sin descanso. Iba contando los pájaros y saludando a los conductores.Cuando alguno le devolvía el saludo, una sonrisa esmerilada asomaba a su rostro. "Voy a volar" les decía mentalmente. Su amiga Eva le ayudó a salir del coche.
-Ya hemos llegado.- Le dijo con una sonrisa cómplice.
Al fondo del campo de girasoles había un globo aerostático de colores azul y amarillo, con la cesta de mimbre. Se acercaron corriendo. El propietario del globo era un hombre de aspecto rubicundo,pelo blanco y gorra de lazarillo que estaba encendiendo el gas.
-Subid, por favor.
Los dos chicos subieron impacientes. Cuando el globo estaba empezando a coger altura, Eva le preguntó:
-¿Eres feliz?
El chicó dudó. La felicidad. Eso era algo muy complejo. No sabía si había sido plenamente feliz alguna vez. Probablemente sí. Probablemente antes de que todo su mundo desapareciera bajo el putrefacto aliento de la guerra. Pero ahora nada de eso importaba.Ahora iba a tocar el cielo con las manos y no soltarlo jamás. A elevarse y abarcar todas las nubes que pudiera. Las arrebataría del lienzo azulado y luminoso. Perseguiría el amanecer desafiando al sol,mirándolo sin estornudar. Se volvió hacia la chica.
-Más que nunca.- Respondió.
13 feb 2014
Tan tonto como una lágrima en el desierto
Al menos hasta que se apague el sol
Podríamos pintar las ideas en un lienzo, y salpicarlo de nuestros recuerdos hasta no dejar ni la última gota. Podríamos preguntar a las palabras.
Podríamos coger aire y soltarlo en un globo aerostático, para buscar los sueños extraviados en el trastero de los intereses.
Podríamos controlar cada uno de nuestros latidos para que no se escape un solo pedazo de nuestra existencia. Podríamos hacer todas estas cosas.
Al menos hasta que se apague el sol.
Porque los seres humanos todavía no hemos conseguido dibujar el mapa físico de la esperanza.