21 ago 2014

La máquina del tiempo perfecta, el recuerdo.

29 jul 2014

Pensar hasta emborracharme de mis pensamientos.
Hasta las flores tienen su parte decadente.

8 jul 2014

Mañana es martes

Mario dio un pelotazo con todas sus fuerzas. Cayó al otro lado de la acera. Cuando fue a recoger la pelota, vio con desolación que algo la había pinchado. Pero, ¿el qué? Miró el lugar del crimen y descubrió un diminuto trozo de cristal negro, brillante y curvado. Le fascinó tanto que lo cogió y lo escondió en la mano. De pronto la pelota no tenía el más mínimo interés.
A un palmo de distancia vio otro trozo idéntico al anterior. También cogió éste. Lo había cogido justo enfrente de un café en el que olía deliciosamente a chocolate. Mario entró seducido por el olor y vio algo brillante junto a la pata de una mesa. Se agachó y lo cogió. Intimidado por el camarero, salió disparado a la calle.
Una vez fuera siguió andando calle abajo mientras encontraba pedazos de cristal negro brillantes y se los guardaba en el bolsillo. Se había parado en una esquina para ver a una niña bailar cuando, al abrir la mano, vio con sorpresa que los pedazos de cristal habían cambiado de color. Ya no eran negros sino escarlata. Siguió andando y se alegró de no encontrar más pedazos, pues tenía las manos llenas de ellos. Entre estos pensamientos había llegado a un parque con muchos bancos. Iba a sentarse en uno, pero se dio cuenta de que estaba ocupado. Una pálida mujer observaba el suelo con la mirada perdida. No había rastro de expresión en su cara, sólo unos ojos vacíos. Permanecía inmovil, mientras el viento alborotaba sus cabellos con violencia. Ella parecía no notarlo, o de así serlo, no le importaba.

De pronto Mario comprendió. Se sentó en el banco y comenzó a juntar los pedazos hasta formar un corazón escarlata, sólido. Orgulloso de su obra, tendió el corazón a la mujer, quien perdió la mirada vacía y se movió para alcanzar lo que el niño le tendía. Emocionada, comenzó a llorar. Mario saltó del banco, se puso de puntillas y le dio un beso en la mejilla a la mujer. Se alejó trotando.
-Gracias.

4 jul 2014

... Y cuando quiera bailará conmigo


-No me importa demasiado dónde sueles ir por las noches.
Quizá me dirigía demasiado rápido a donde había un enorme precipicio.
-¿Cómo?
Claro que lo sé, Amiel, lo supe desde el primer día. Ella está en tus ojos brillantes, en tu pelo, en tus improvisaciones al piano, en tu forma de mirar perdida, en tu felicidad constante porque sabes que la vas a ver pronto. Está en esas frases seductoras que te ha dado ahora por soltarme. Impregnada en cada poro de tu piel. No creas que no me doy cuenta. Una mujer sabe esas cosas. Se ha instalado en ti, en tus pensamientos, en tu deseo. Ella es diferente, a ella le quieres enseñar la vida, tu vida. Conmigo es demasiado complicado, a mi no me puedes impresionar. Sé que no es tan inteligente como yo. En casa el tedio y la rutina te estaban matando, yo lo iba notando, iba notando como poco a poco te distanciabas, y te lo he hecho ver varias veces. Y yo lo entiendo, Amiel, lo entiendo porque somos demasiado parecidos para llevarnos bien, y los dos somos idénticos, demasiado idénticos. Con ella es más fácil.
- No importa. Vamos a cenar.- Te dije. Decidí no insistir, era tiempo perdido.
- ¿Cuándo dejamos de querernos?-Tu pregunta me pilló por sorpresa.
- Cuando dejamos de buscarnos.

21 jun 2014

La sombra de la ausencia

Maldita, maldita. Ojalá te pudras en las fauces del tiempo. ¿Es que no sabes lo que es el abandono? No me sigas.


No, no te quiero a mi lado. Quiero que cruces esa puerta y te marches para siempre. Ah, astuta, maléfica, sabes que te siento y me desgarro, silente, cálida, te crees que no sé a dónde me quieres llevar, que no me doy cuenta de que me arrastras sin remedio a una oscuridad demencial, manipuladora, sin escrúpulos, sabiendo que vivo sin armas y a corazón descubierto, pesada, que eres una pesada.


Pesada como el lastre que me haces llevar todo el día encima, seductora, si sabes que voy a caer en el mismo sitio de siempre, absurda, rencorosa, si sabes que ya todo el mundo murmura sobre nosotros.
Ya de nada sirve ocultarlo, demasiado obvio, de nada sirve ocultar que me persigues, veloz, murmuradora, a ver cómo le explico yo a la gente que tengo una sombra atada a mi espalda que me sigue a todas partes y en cada movimiento que realizo, pesada, que eres una pesada.


Maldita, maldita sombra que vive conmigo desde que se fue, preciosa, no te vayas que me haces falta, mi sombra hecha de pedacitos de ella, tan oscura y misteriosa, tan fugaz, mi sombra hecha de recuerdos de ella, mi sombra amada hasta el límite de las fuerzas, no te separes de mí, ausencia, bendita ausencia, que me persigue por todas partes, manantial de oxígeno, no me dejes, permanece que me ahogo en el olvido.


Permanece que ella se fue sin despedida, no te vayas sin matarme, ausencia, mi sepultura, maldita maldita, déjame un respiro, soez, perseguidora, no me sigas, no te quiero a mi lado, pesada, que eres una pesada.

8 may 2014

Siete vidas tiene una sonrisa

Sócrates ladea su pequeña cabeza gris. Me mira con ojos graves y profundos. Sócrates es un gato pardo, con las patas en la tierra y que no mata moscas con la cola, porque nunca se aburre. Le gusta curiosear todo, desde los documentales de La 2 hasta la centrifugadora de la lavadora. Sócrates es un gato fiel y cariñoso, a pesar de la fama de su estirpe. Me dice que no seáis racistas, que los gatos no son ariscos.

Cuando yo era pequeño, solía sentarse encima de mi pequeña mesita de dibujo a observar mis creaciones, desde que trazaba mi primer esbozo hasta que estampaba mi firma personal, más garabato que nombre. Observaba la obra y después me miraba. De su expresión dependía que el dibujo fuera negociable o no.

Hubo muy pocas veces en las que caí enfermo, y Sócrates se subía a mi cama para hacerme compañía y patrullar mi lectura, vigilando que ningún control parental sobreprotector e inoportuno me impidiera leer.

Sócrates era mi único amigo en esos años; ahora somos íntimos, porque por suerte he hecho amistades menos peludas. Y menos afiladas, se jacta.
Muy gracioso. Sócrates sonríe y se reboza en mi pierna.


Sí, los gatos sonríen. Sonríen con la mirada, sonríen con la expresión. Sonrisas más sinceras que aquellas, tan humanas, pecan de hipócritas o forzadas. Por eso cuando oigo unas uñas rascando la superficie de la puerta de mi habitación, sé que Sócrates está sonriendo porque me he quedado dormido otra vez.


4 may 2014

Café 1930

Él pensaba que lo tenía todo, pero le faltaba ella.


París vivía una fiesta interminable de luz, arte y pasión, con sus calles bohemias y su eterno espíritu romántico, como si conociera la caducidad de los momentos únicos de la vida de cada uno de nosotros. Mientras, en un café ya prácticamente abandonado lo sublime de la existencia humana luchaba su última batalla contra el olvido. Unas notas exhalaban sus últimos suspiros sobre el piano, desesperadas por no soltarse nunca de los dedos del pianista, emborrachadas de la calidez de su piel; la música se entregaba a él como una generosa amante, él se limitaba a poseerla en exclusiva.


Una rosa.


Una rosa que anhela el vuelo de una falda aleteando al doblar la esquina.


La buscó, desesperadamente. Pero cada vez que creía alcanzarla, ella se escapaba sin remedio, como un sueño borrado con la luz de la mañana, como humo... Los dos dejaron de ir al café, muy a su pesar, el cual sentía que un pedazo de eternidad se deshacía entre sus muros. Andaban sin buscarse pero sabiendo que andaban para encontrarse.


No quiso volver a poner sus dedos sobre ningún piano.


Pero un día la vio. La vio tocando sobre el piano del café, aquel reservado sólo para él, y que ella acariciaba con delicadeza, como si el mundo se compusiera al tocar el piano. Dejó la rosa en el suelo, postrada a los pies de ella, y se sentó a su lado. Comenzaron una melodía que conocían de memoria, de esas tardes solitarias llenas de recuerdos, y terminaron de decirse lo que no se habían dicho en años.
El piano se quedó mudo, sin embargo, sus miradas lo contenían todo.


Los dos conocían el alcance de aquella entrega. Después de una noche tan intensa, ni siquiera necesitaban tocarse.


Él dejó de perseguirla.



 

26 abr 2014

La ciudad de los sueños

Paseaban por las calles de esa ciudad infinita, dibujada por los restos de una ciudad romana, hija de las historias acaecidas debajo del acueducto.
Una ciudad de estudiantes, ligeramente bohemia, con sus calles sinuosas y palpitantes, con sus luces hogareñas y seductoras, con su espíritu de acogedora ciudad de sueños.
Habían salido a dar una vuelta todos juntos, sin pensar en nada más que el presente, pero sabiendo que vivían con el dinero de la felicidad, aquella amistad que uno sólo encuentra en las noches de verano.
Es como volver a casa, le decía ella. Un lugar perdido, misterioso y dolorosamente reconfortante. Lo que siempre habíamos estado buscando, a pesar de no saber nunca lo que es; al volver aquí lo sientes, esa sensación de volver al hogar, de retornar hacia aquello que sólo existía en nuestros recuerdos. No sé si podría explicártelo de manera sencilla, esa es la dificultad inaccesible de lo inefable.
Te entiendo perfectamente, pero no creo que sea tan difícil adivinar qué es aquello que anhelamos para encontrarlo. Aquello que buscamos somos nosotros mismos, nosotros mismos aquí, en esta ciudad que nos hace más grandes.
Sí, supongo que a todos nos encanta la ciudad.
No me has entendido. Suspiró. Nos encontramos el uno al otro, pero sólo aquí es donde conseguimos amarnos de una manera más perfecta. A ti te parece bella la ciudad por sus luces.
Pero porque esas luces iluminan tu sonrisa, reconoció ella.
Y mi sonrisa es infinita en esta ciudad.
Porque mi mirada recorre la ciudad como si fuera la primera vez. Ella comprendió de repente.
Como si fuera la primera vez que te conocí.


9 abr 2014

No me conformo.

2 abr 2014

Un "volveré pronto, lo juro" atascado en la garganta

Mi fantasma no quiere irse a dormir. Y yo no puedo conciliar el sueño.
Se había colado silenciosamente, sin que me diera cuenta, deslizándose por esos días fríos que yo ya consideraba normales. Iba conmigo por el camino de vuelta del instituto, charlando con mis pensamientos y corrompiéndoles para que conspiraran contra esa idea tan rara y prácticamente inexistente llamada felicidad que hacía unos meses que no pasaba por casa. Caminaba sin prisa, como siempre, pero ahora arrastrando los pies. Si nadie espera en la casa, ¿para qué llegar? Sin rumbo, aburrida, cansada de trabajar...

Hace demasiado mal tiempo aquí para sonreír.

La ciudad está gris, va perdiendo poco a poco el lustre, al mismo ritmo que el brillo de mis ojos.
Realmente no se cómo pasó. Llegó sin avisar, se nubló de repente y un día empezó a llover aquí dentro. Debo tener goteras, porque siempre encuentro la cara mojada. Todos los días lo mismo: mis pensamientos empiezan su plan y me arrastran por esa calle angosta llamada de la Tristeza. Y cuando quiero darme cuenta tengo humedades, y apagones, y encima el fantasma se ha encariñado conmigo. Le digo que se vaya, que necesito estar sola, que no puede ser que en mi ventana amanezca un día nublado tras otro.

Pero se empeña en volver cada noche, y a veces me ha sorprendido de día. Sé que es él quien tira de mi cada mañana cuando suena el despertador, sé que es él quien hace que me pese todo el cuerpo, excepto los párpados cuando intento consolar a mi almohada. Sé que es él quien me canta al oído esa balada de piano. Sé que es él quién me mete en el bolsillo las ganas de abandonarlo todo, pero por suerte mi instinto me lo impide para no preocupar a la gente de alrededor.
En un mundo lleno de gente puedes perder la vista de todo, y la oscuridad dentro de ti puede hacerte sentir tan pequeña. Si existir es quedarse, ¿qué es permanecer ausente?   
He puesto triste a mi fantasma. Sí pequeño, en mi interior ahora mismo está lloviendo.

28 mar 2014

Wendy se tiene que ir a trabajar

Los cuentos de hadas superan la realidad no porque nos digan que los dragones existen, sino porque nos dicen que pueden ser vencidos.

Paraísos perdidos

Ese bosque de todos tus cuentos. El mundo libre de tus muñecos. El columpio especialmente reservado para ti. Tu rincón favorito para esconderte y que nadie te molestara. Su Peter Pan y tu Wendy. Tu madre leyéndote tu cuento favorito. Ese que tanto te gustaba y que aunque te lo sabías de memoria no te cansabas de escucharlo, una y otra vez, mientras imaginabas que estabas dentro de la historia, y por supuesto, mandabas.
Esas tardes perdidas (no realmente) enfrente del libro de texto mirando al resto de niños jugar en el parque y preguntándote de qué estarían hechas las nubes.

Paraísos perdidos, cuentos de hadas escritos en la niñez, deseos de volver a ser Peter Pan, esperando tumbados en la cama a que Campanilla nos resuelva la eterna duda de la razón por la que los adultos siempre están serios.

16 mar 2014

Somos un secreto

Pequeños placeres de la vida

La risa de un niño.
Una fina lluvia cayendo sobre la piel mojada.
El susurro de unas palabras sinceras al oído.
Una melodía callejera en el metro.
Una danza de caricias debajo de las sábanas.
Una agradable sorpresa inesperada.
El brillo de la inteligencia en los ojos.
Tu canción favorita en el momento más oportuno.
Ese recuerdo especial.

Pequeños placeres de la vida, escondidos en las esquinas de nuestros recuerdos, que pintan nuestras madrugadas de los colores más vivos.

6 mar 2014

Cuando los hombres callan

Se apoyó en la tapia de ladrillo carcomido en la que había dejado descansar su maloliente cuerpo. Su hora final estaba llegando. Un hombre de aspecto rubicundo,tosco y amenazante yacía medio encorvado en el muro que le sostenía y que ya no era el de su orgullo.
Cualquiera que hubiera pasado por allí habría pensado que se trataba de un hombre cansado de postular.De hecho así se entendía. Varias personas le habían dejado unas monedas en el suelo. Ahora las miraba con desdén. Con lo que le había costado antes conseguir dinero y ahora lo recibía tan fácilmente de una manera que él consideraba estúpida.
El postulante sombrío no era un pobre, miserable o desgraciado, era el criminal más buscado del país. Había sobornado, robado y matado a un centenar de personas.

15 feb 2014

Escondido en el centro del silencio

Una. Dos. Tres. Miles de gotas resbalaban por la ventana de su habitación. Sofía llevaba horas observando la lluvia, sin duda más interesante que estudiar Física y Química.
Plim. Plam. Plim. Plam. Las gotas caían sobre el alféizar haciendo un ruido hueco, como una botella de plástico abollada que de repente vuelve a su estado normal. El cristal había estrenado un estampado de lunares sobre el que ocasionalmente cruzaban meteoritos líquidos. Las gotas bajaban raudas por la superficie; toda una diversión multiaventura, deslizándose por un tobogán cada vez menos transparente. Sofía, ensimismada en el baile natural, perdió la noción del tiempo.
Se encariñó de una gota singular, situada en la parte superior de la ventana, que no parecía estar por la labor de tirarse al abismo del alféizar. La observaba atenta, sin perder de vista la férrea impasibilidad de la pequeña gota que permanecía inmóvil en el cristal, sin inmutarse siquiera por las demás compañeras que pasaban a su lado.
Sofía había decidido concentrarse en algo más productivo como leer, cuando una gota obesa intentó llevarse por delante a su amiga. Se deslizaron hasta la mitad del trayecto, peo la gota viajera se paró en seco y la gota obesa cayó en picado al alféizar. "Gotita lista, sí señor" se dijo Sofía. Nada más formular este pensamiento,Sofía vio cómo la gota viajera finalmente se lanzaba al suicidio por el tobogán de cristal. "¡No! ¡Idiota!" la recriminó mentalmente. La gota se estrelló contra la sepultura negra de la ventana creando un lago de agua, hojas e insectos. Sofía se tranquilizó pensando que al menos había decidido ella misma su final. Entonces se dió cuenta de que había sido la última gota en caer, y que había dejado de llover hacía rato.
El arcoiris estaba empezando a aparecer de entre las nubes que se deslizaban a cámara lenta jugando al escondite inglés. Cada vez que volvía la cabeza, el algodón gris se deplazaba un palmo. Empezó a buscar formas: un corazón, un avión y un dragón bastante abstracto. Se preguntó cuál sería el misterio de la naturaleza, aquel secreto escondido en el centro del silencio.
-Sofía, ¿estás estudiando? -La chica pegó un respingó al oír la voz de su madre que la arrancó de sus dispersos pensamientos.
-Sí, mamá. -Va siendo hora de estudiar, pensó, ya que el tiempo le estaba ganando en la carrera. Pasó una hoja de su libro de Química: "el Peróxido de Hidrógeno, utilidades. Un ejemplo muy común de este tipo de sustancia es el agua oxigenada". Recordaba que una vez de pequeña se hizo una herida.Estaba jugando en el parque cuando tropezó...

El ladrón de cielos

Ese día se levantó más temprano que de costumbre. Se incorporó y se sentó en la cama. La luz de la mañana entraba en la habitación y hacía que le dolieran ligeramente los ojos, pero no le importaba. Iba a volar por primera vez.
En el coche iba admirando el paisaje como no lo había hecho nunca. Veía a los árboles correr una maratón y el sol le perseguía sin descanso. Iba contando los pájaros y saludando a los conductores.Cuando alguno le devolvía el saludo, una sonrisa esmerilada asomaba a su rostro. "Voy a volar" les decía mentalmente. Su amiga Eva le ayudó a salir del coche.
-Ya hemos llegado.- Le dijo con una sonrisa cómplice.
Al fondo del campo de girasoles había un globo aerostático de colores azul y amarillo, con la cesta de mimbre. Se acercaron corriendo. El propietario del globo era un hombre de aspecto rubicundo,pelo blanco y gorra de lazarillo que estaba encendiendo el gas.
-Subid, por favor.
Los dos chicos subieron impacientes. Cuando el globo estaba empezando a coger altura, Eva le preguntó:
-¿Eres feliz?
El chicó dudó. La felicidad. Eso era algo muy complejo. No sabía si había sido plenamente feliz alguna vez. Probablemente sí. Probablemente antes de que todo su mundo desapareciera bajo el putrefacto aliento de la guerra. Pero ahora nada de eso importaba.Ahora iba a tocar el cielo con las manos y no soltarlo jamás. A elevarse y abarcar todas las nubes que pudiera. Las arrebataría del lienzo azulado y luminoso. Perseguiría el amanecer desafiando al sol,mirándolo sin estornudar. Se volvió hacia la chica.
-Más que nunca.- Respondió.

13 feb 2014

A veces me cuesta recordar que tengo que olvidarte

Tan tonto como una lágrima en el desierto

Contra todo, o pese a todo, la vida continúa. Uno cree que las heridas del corazón acabarán por desangrarlo. Pero no es así como sucede. Nos habituamos a ellas, casi respiramos por ellas. Las hacemos tan dolorosamente partícipes de nuestro día a día que, de repente, son parte de nosotros... 

Al menos hasta que se apague el sol

Podríamos extender un cielo de caricias. Podríamos buscar el escondite de la felicidad. Podríamos coger la vida con cuchara. Podríamos decir que no a la angustia. Podríamos estudiar los amaneceres. Podríamos fotografiar los sentimientos.
Podríamos pintar las ideas en un lienzo, y salpicarlo de nuestros recuerdos hasta no dejar ni la última gota. Podríamos preguntar a las palabras.
Podríamos coger aire y soltarlo en un globo aerostático, para buscar los sueños extraviados en el trastero de los intereses.
Podríamos controlar cada uno de nuestros latidos para que no se escape un solo pedazo de nuestra existencia. Podríamos hacer todas estas cosas.
Al menos hasta que se apague el sol.
Porque los seres humanos todavía no hemos conseguido dibujar el mapa físico de la esperanza.

16 ene 2014

-¿De qué murió?
-Se asfixió con las palabras que nunca dijo.