18 dic 2015

La foto

El otro día me preguntaron que cómo eras y a falta de una foto tuya te describí como pude:

Es como arroparte hasta la nariz en pleno invierno;
Es un intento fallido de ver una peli en casa;
Es la cerveza, que siempre apetece;
Es un 'no sé, estoy a gusto contigo' ;
Es una canción de Extremoduro, o grosero y cursi a la vez;
Es llegar a casa después de un día agotador;
Es un 'tienes las manos frías, trae que te las caliento';
Es una caricia en la espalda con una venganza en el cuello;
Es un domingo, que acaba siendo un desastre, pero se te hace corto;
Es la última frase del libro que siempre te lees antes de llegar al final;
Es calma, pero también tormenta;
Y lo más importante, es mi vicio favorito.

11 nov 2015

Obsesiones #2: Cicatrices

Todos los humanos estamos hechos de cenizas, de heridas convertidas en cicatrices. Vivimos con tiritas que de vez en cuando se despegan y escuecen, recordándonos que no somos invencibles. Pasamos los años con ellas y las hacemos parte de nosotros, heridas de guerra, de luchar contra nuestros propios demonios.

Nunca sabemos qué sombras esconden los otros, cuánto han luchado para mantenerlas a raya. Solo en algunos casos estas son más fuertes y salen a la luz, arrastrando todo a su paso. Pero lo cierto es que nos humanizan.

Y que los malos momentos son los que nos hacen valorar las pequeñas cosas buenas de la vida.

30 jun 2015

Obsesiones #1

Curioso como los recuerdos pueden descolocar el mundo más estable. Mi obsesión es clara. Sin recuerdos no soy nada. Son mi religión y mi esperanza. A veces pienso que son lo único que puede salvarme.

Por otra parte están mis pensamientos, tan absurdos y desordenados como un poema dadaísta. Ciertamente estúpidos, hasta el punto de resultar brillantes. Elogio de lo cotidiano, de la fantasía escondida en las esquinas de lo ordinario, oda a una vida paralela, una vida asombrada de sí misma y anonadada por las cosas más simples, quizá la verdadera vida. 

La vida que nos estamos perdiendo, perdiendo vidas en estar, estar viviendo la pérdida sin darnos cuenta, ocupados en estar, en decir, en hacer, sin tener tiempo para pararnos un momento y limitarnos a ser. A existir sin más. Demasiado complicado, nos enamoraríamos demasiado de la vida. Y los recuerdos son la puerta de entrada a esa realidad.

Estamos a un paso de salvarnos. Solo hay que recordar. 

28 jun 2015

Pérdida

Se fue. Sin más, con la tranquilidad de una hoja cayendo desde lo alto de un árbol; despacio, sin prisa, sin ofrecer resistencia alguna. Con la resignación de una vida que se acaba, el afluente de un río que resuelve en el océano.

Mi orgullo está enfadado conmigo porque está herido y yo no cambio. Pero sobre todo está enfadado porque no siento nada, ni lo sentía. La sábana vacía de su perfume, que nunca me pareció mío, que nunca reclamé y que no quiero que me atribuya. 

Tenía esas cosas que gustan a las chicas, los abrazos por la espalda, los "bésame" de repente, las miradas mantenidas y los poemas de amor. Pero el otro lado de la puerta no los merecía porque no los quería, y los primeros rayos del sol en verano no están para desperdiciarlos. Al otro lado de la puerta, temblorosa y culpable, como un niño que sabe que va a romper un juguete, esperaba una señal que me diera permiso para echar el cerrojo. Siento todo lo que no hice y debí hacer, pero yo también soy un juguete roto, y no tengo vocación de curandera.

Mi orgullo se ríe. Salimos ilesos de una historia coja. De pronto se calla. 
Demasiado silencio al otro lado de la puerta.