Ese día se levantó más temprano que de costumbre. Se incorporó y se sentó en la cama. La luz de la mañana entraba en la habitación y hacía que le dolieran ligeramente los ojos, pero no le importaba. Iba a volar por primera vez.
En el coche iba admirando el paisaje como no lo había hecho nunca. Veía a los árboles correr una maratón y el sol le perseguía sin descanso. Iba contando los pájaros y saludando a los conductores.Cuando alguno le devolvía el saludo, una sonrisa esmerilada asomaba a su rostro. "Voy a volar" les decía mentalmente. Su amiga Eva le ayudó a salir del coche.
-Ya hemos llegado.- Le dijo con una sonrisa cómplice.
Al fondo del campo de girasoles había un globo aerostático de colores azul y amarillo, con la cesta de mimbre. Se acercaron corriendo. El propietario del globo era un hombre de aspecto rubicundo,pelo blanco y gorra de lazarillo que estaba encendiendo el gas.
-Subid, por favor.
Los dos chicos subieron impacientes. Cuando el globo estaba empezando a coger altura, Eva le preguntó:
-¿Eres feliz?
El chicó dudó. La felicidad. Eso era algo muy complejo. No sabía si había sido plenamente feliz alguna vez. Probablemente sí. Probablemente antes de que todo su mundo desapareciera bajo el putrefacto aliento de la guerra. Pero ahora nada de eso importaba.Ahora iba a tocar el cielo con las manos y no soltarlo jamás. A elevarse y abarcar todas las nubes que pudiera. Las arrebataría del lienzo azulado y luminoso. Perseguiría el amanecer desafiando al sol,mirándolo sin estornudar. Se volvió hacia la chica.
-Más que nunca.- Respondió.
15 feb 2014
El ladrón de cielos
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