14 sept 2013

Por fin en casa

El cielo empezaba a amarillear, por culpa de un sol empeñado en hacer creer que el verano seguía coloreando las vidas de muchos de nosotros. Yo subía la rampa del Antonio Machado sin prisa, dejando entrever un mundo secreto dentro de mi boca a cada bostezo. El instituto ya empezaba a dejar huella en mis neuronas y sólo estábamos a 16 de septiembre. Recorrí el camino casi automáticamente, en un itinerario que me sabía casi de memoria.
 
Paré frente al ascensor y pulsé el botón de bajada. Un silencio de convento inundaba el pasillo. Se oyó un rumor sordo; el ascensor acababa de llegar,y se abrieron las puertas. Me metí en el ascensor y pulsé el cuarto piso. Sobre un placa de metal encima del botón se podía leer: CONSERVATORIO.Habían restaurado el tablón de anuncios, que ya no tenía desconchones ni pintadas. Además los papeles estaban cuidadosamente fijados con chinchetas. Hubo una ligera sacudida y se abrieron las puertas.
 
Conforme se iban separando las puertas metálicas iba viendo lo que allí me esperaba como un soldado a punto de adentrarse en la batalla:Decenas de padres armados con bolígrafo y papel se agolpaban en un lado de la sala,desesperados por lograr un hueco delante del atiborrado tablón de anuncios,donde estaban escritos los horarios de clase. El pasillo, ese que me había llenado de nostalgia una semana antes al verlo vacío, con sus puertas verdes a los lados, estaba igualmente poblado y era verdaderamente difícil avanzar.
 
La soledad silenciosa del ascensor contrastaba con las voces, risas y gritos de la recepción. A través del cristal de conserjería saludé a Margarita, pero ésta, a causa del bombardeo de preguntas que recibía a cada minuto, sólo pudo lanzarme una mirada de animal maltratado. No pude evitar sonreírme ante tal situación. Torcí a la derecha  y me aproximé al pasillo donde se encontraban la sala de profesores, la biblioteca  y las aulas de piano. Avanzaba a regañadientes,luchando contra las espaldas y los brazos aprisionantes de la gente.Estaba tan agobiada que decidí sentarme en un banco que había al lado del aula de tutoría.
 
Cuando torcí esquina me di cuenta de que ya estaba ocupado por todos mis compañeros de orquesta.Relataban las experiencias del verano, líos amororsos y vacaciones familiares aburridas,pero pronto volvieron a la música,ya que la mayor parte de ellos había ido al mismo curso de verano. Faltó tiempo para que los violines nos fuéramos a un lado para hablar. Cuando volví a casa me invadió una ilusión inusitada, y me di cuenta de que estaba deseando empezar el curso. Yo,aquella atolondrada personita que dejaba todo para el último momento y que siempre exprimía los últimos días del verano.
 
Dos días después me encontraba en una clase diminuta,reclinada en una silla mientras los contrabajos  pulían con el director un pasaje confuso, los violines debatían sobre qué dedos poner y se pasaban las partituras con nuevos arcos como operarios en una cadena de montaje, a la vez que las violas escuchaban divertidas a los vientos, que bromeaban sobre los profesores,sobre los violines, sobre la música y la vida.Y mientras los chelos sopesaban si hacer o no vibrato en una nota corta.
 
Mientras, yo, sentada con el violín encima de mis rodillas, escuchaba las conversaciones mezcladas de todos ellos como un enjambre salvaje. Miré las caras de todos ellos y de pronto sentí una conexión especial, seguida de un escalofrío en el alma. En medio de mi emoción no pude más que pensar sinceramente:''Por fin estoy en casa''.   

La chica de la sonrisa triste

Es posible que la veas mirando por la ventana.Observando el viento que azota los árboles,a los transeúntes ajetreados y el vaivén de los coches sobre la calzada.Es posible que la veas escribiendo,desde tan cerca que se daña la vista,y es posible que hayas notado que cada vez que piensa se lleva el dedo con el que sujeta el bolígrafo a los labios.
Es posible que te hayas preguntado en que pensará,con la mirada perdida y los labios fruncidos.Es posible que hayas reparado en que no es muy habladora y que prefiere escuchar,pero que cuando defiende algo lo hace con pasión,con todas sus fuerzas.Es posible que hayas notado que cuando siente vergüenza se coloca el pelo detrás de la oreja.
Y es posible que hayas intuido una inteligencia soterrada en su mirada al mirar a los profesores y profesoras,pero que se distrae con facilidad.
Es posible que más de una vez estuvieras presente cuando se le hubiera olvidado algo.Y que te hayas sorprendido alguna vez pensando en la chica de la sonrisa triste.

Pues esa chica soy yo. 

2 sept 2013

El diablo es diablo por amor

La torre de soberbia donde había logrado permanecer inmune toda su vida,se quebró.El amor ya había reblandecido sus cimientos,descubrir,de golpe,una realidad que jamás penetró en su torre terminó por derrumbarla.

Biel se convirtió en el ser más desvalido del universo.

Regresó a París.Derrotado y ya muerto.
Se puede morir de amor.De ausencia del ser amado.Una muerte reservada para unos pocos,es cierto,para quienes sienten el arañazo de tal sentimiento en el alma y saben que semejante herida no cerrará jamás.La muerte les crece desde algún punto de su interior,a modo de gangrena invisible,devora todos sus órganos dejando de su víctima tan solo la mera apariencia.Cadáveres puestos en pie,como árboles sin savia,que basta un soplo para eliminarlos.

Nadia


Le dimos las gracias y abandonamos el teatro. Nadia estaba distante.

-¿Qué te pasa?

-Unai, tengo que hablar contigo.

Nadia me comunicó la fatal noticia. Tenía leucemia, y los médicos le habían anunciado que le quedaba poco tiempo de vida.

-¿Cuántos?-Dije con un hilo de voz.

-Una semana.-Respondió con lágrimas en los ojos.

-¿Tan pocos?-No podía estar sucediendo. Asintió.

-Quiero que vengas mañana a mi casa. Es mi cumpleaños.

Al día siguiente fui a su casa con alma de plomo. Sus padres me dijeron que subiera a su habitación. Estaban visiblemente afectados. Había tenido una recaída. Cuando la vi en la cama, todo el brillo de sus ojos había desaparecido. Estaba completamente blanca. Sentí que me desmayaba. Abrió la boca, y con un hilo de voz, dijo:

-Unai, me estoy muriendo.

-No digas eso, tú eres fuerte.-Negó con la cabeza, y me cogió la mano.

-Ya sé que no nos conocemos desde siempre, pero, ¿me vas a echar de menos?-Su voz parecía una luz desvaneciéndose en un recodo, especialmente cuando pronunció estas palabras.

-Te echaría de menos aunque no te conociera.-Sonrió.

-Quiero que termines mi historia.

-¿Qué historia?

-La que hemos vivido juntos.

-Pero…

-Por favor. Tus palabras serán las mías.

-Te lo prometo. Te quiero, y pase lo que pase, te querré siempre.

Esperaba un milagro. Un milagro, que por unos instantes, creí posible. Pero el destino es mensajero de nuestro futuro. Y el destino me había enviado a una realidad profunda y sin fisuras, sin máscaras. La muerte era sólo el principio.

Nadia me dejó el veintidós de junio del año pasado.

No sé si podré cumplir mi promesa. A veces intento escribir, y me echo a llorar. Ya tengo un título: “Los sueños rotos”. No sé si he elegido bien.

 

“Nadia, te llevaste todas las respuestas contigo”. 

Capricho nº 24


“Dicen que todo artista necesita una musa. La de Dan Levine era Cloe Varenska. La primera vez que la vio, su pluma empezó a escribir la más bella historia de amor. Ambos eran extranjeros que llevaban largo tiempo viviendo en España. Nadie olvidaría los acontecimientos que tuvieron lugar en diciembre de 1986.

El Teatro Salón de Cervantes estaba abarrotado. Grandes personalidades de toda España se había citado para escuchar el talento de la mejor violinista del país. Fracs almidonados y vestidos de gala habían salido de sus armarios para disfrutar de un concierto único. Dan Levine, escritor frustrado por haberse hecho rico con un best-seller que no pretendía serlo, se podía permitir el lujo de incluirse entre estas personalidades. Se rumoreaba que los best-seller tenían poca calidad literaria, y que sus escritores tenían mucho morro y poca profesionalidad. En su caso, nada más lejos de la realidad, pues su libro prácticamente se vendió solo. Buscaba inspiración para su próxima novela, pero lo que encontró fue una puerta al infierno.

Un estallido de aplausos invadió la sala y Dan salió de su ensimismamiento. Cloe Varenska apareció en escena con un carísimo vestido rojo de satén y una sonrisa tan estremecedora como misteriosa. Le acompañaba su pianista, que se colocó el faldón del traje y le hizo un gesto a Cloe para que empezara a tocar cuando quisiera. Algunas toses y susurros de ciertos maleducados parecían no querer acabar nunca. Sin embargo, cuando Cloe empezó a tocar, el silencio en el teatro fue completo. Una melodía recién salida de los cielos llenó la sala. Cada nota era brillante, limpia y deslumbradora. El rostro de Cloe estaba sumido en una profunda emoción. La pieza que estaba interpretando era el Capricho nº 24 de Paganini, una de las piezas más difíciles de la técnica violinística. Todos esperaban con curiosidad escuchar las primeras notas de “la pieza”. Durante las dos horas y media de concierto, la cantante consiguió mantener al público en vilo. Cuando terminó, se hizo un silencio eterno. Después, el público prorrumpió en aplausos, y los gritos de “¡Bravo!” se oían por todas partes. El teatro entero se levantó, y se tiraron flores al escenario. Sólo una persona permanecía sentada. Inmóvil.Con la vista fija en la violinista. Unas lágrimas asomaron a sus ojos.

Latidos sin corazón

La conocemos todos...
Esa soledad que nos mina a veces.
Es la tristeza del primer día de colegio.
Es el momento en el que él besa a una chica más guapa en el patio del instituto.
Es Orly o la Estación del Este al final de un amor.
Es el niño que no tendremos nunca juntos.
Soy a veces yo.Eres a veces tú.
¿Qué sería de mí sin ti?   Guillaume Musso