26 abr 2014

La ciudad de los sueños

Paseaban por las calles de esa ciudad infinita, dibujada por los restos de una ciudad romana, hija de las historias acaecidas debajo del acueducto.
Una ciudad de estudiantes, ligeramente bohemia, con sus calles sinuosas y palpitantes, con sus luces hogareñas y seductoras, con su espíritu de acogedora ciudad de sueños.
Habían salido a dar una vuelta todos juntos, sin pensar en nada más que el presente, pero sabiendo que vivían con el dinero de la felicidad, aquella amistad que uno sólo encuentra en las noches de verano.
Es como volver a casa, le decía ella. Un lugar perdido, misterioso y dolorosamente reconfortante. Lo que siempre habíamos estado buscando, a pesar de no saber nunca lo que es; al volver aquí lo sientes, esa sensación de volver al hogar, de retornar hacia aquello que sólo existía en nuestros recuerdos. No sé si podría explicártelo de manera sencilla, esa es la dificultad inaccesible de lo inefable.
Te entiendo perfectamente, pero no creo que sea tan difícil adivinar qué es aquello que anhelamos para encontrarlo. Aquello que buscamos somos nosotros mismos, nosotros mismos aquí, en esta ciudad que nos hace más grandes.
Sí, supongo que a todos nos encanta la ciudad.
No me has entendido. Suspiró. Nos encontramos el uno al otro, pero sólo aquí es donde conseguimos amarnos de una manera más perfecta. A ti te parece bella la ciudad por sus luces.
Pero porque esas luces iluminan tu sonrisa, reconoció ella.
Y mi sonrisa es infinita en esta ciudad.
Porque mi mirada recorre la ciudad como si fuera la primera vez. Ella comprendió de repente.
Como si fuera la primera vez que te conocí.


9 abr 2014

No me conformo.

2 abr 2014

Un "volveré pronto, lo juro" atascado en la garganta

Mi fantasma no quiere irse a dormir. Y yo no puedo conciliar el sueño.
Se había colado silenciosamente, sin que me diera cuenta, deslizándose por esos días fríos que yo ya consideraba normales. Iba conmigo por el camino de vuelta del instituto, charlando con mis pensamientos y corrompiéndoles para que conspiraran contra esa idea tan rara y prácticamente inexistente llamada felicidad que hacía unos meses que no pasaba por casa. Caminaba sin prisa, como siempre, pero ahora arrastrando los pies. Si nadie espera en la casa, ¿para qué llegar? Sin rumbo, aburrida, cansada de trabajar...

Hace demasiado mal tiempo aquí para sonreír.

La ciudad está gris, va perdiendo poco a poco el lustre, al mismo ritmo que el brillo de mis ojos.
Realmente no se cómo pasó. Llegó sin avisar, se nubló de repente y un día empezó a llover aquí dentro. Debo tener goteras, porque siempre encuentro la cara mojada. Todos los días lo mismo: mis pensamientos empiezan su plan y me arrastran por esa calle angosta llamada de la Tristeza. Y cuando quiero darme cuenta tengo humedades, y apagones, y encima el fantasma se ha encariñado conmigo. Le digo que se vaya, que necesito estar sola, que no puede ser que en mi ventana amanezca un día nublado tras otro.

Pero se empeña en volver cada noche, y a veces me ha sorprendido de día. Sé que es él quien tira de mi cada mañana cuando suena el despertador, sé que es él quien hace que me pese todo el cuerpo, excepto los párpados cuando intento consolar a mi almohada. Sé que es él quien me canta al oído esa balada de piano. Sé que es él quién me mete en el bolsillo las ganas de abandonarlo todo, pero por suerte mi instinto me lo impide para no preocupar a la gente de alrededor.
En un mundo lleno de gente puedes perder la vista de todo, y la oscuridad dentro de ti puede hacerte sentir tan pequeña. Si existir es quedarse, ¿qué es permanecer ausente?   
He puesto triste a mi fantasma. Sí pequeño, en mi interior ahora mismo está lloviendo.